Es medianoche y el presidente ve televisión. Las cincuenta gallinas ponedoras reposan y él también, en breve…

He aquí cuatro hipótesis: de acuerdo con su racionalidad ideológica, Maduro está seguro de que lo está haciendo bien; porque teme el costo político que su renuncia representaría para el chavismo; porque aferrarse al poder, más que un acto de terquedad política, significa mantener el control de la renta petrolera; y por último, porque el entramado de corrupción, narcotráfico y lavado de dinero que ha comenzado a trascender a la luz pública -y que involucra a personas estrechamente vinculadas a su gobierno-, compromete de alguna manera la probidad de su gestión

Es medianoche y el presidente ve televisión. Las cincuenta gallinas ponedoras reposan y él también, en breve, se dispondrá a dormir como un bebé; pero al colarse los comerciales, se cuela también en su mente una frase que ha leído en Aporrea más de una vez: “…ha llegado la hora de que [Maduro] comience a pensar en su renuncia”. Le bastan unos pocos segundos para descartar la idea, y solo él conoce la verdadera razón para aferrarse al cargo de mayor responsabilidad en la nación, pese a que tanto propios como extraños le sugieren que, al menos, lo piense.

Que Chúo Torrealba se lo plantee casi a diario no es de extrañar, pero que lo hagan desde Aporrea sí llama la atención. Uno de los articulistas que ha planteado la renuncia de Maduro con más vehemencia es el profesor Javier Vivas Santana, quien suele fundamentar la propuesta con estos argumentos: el descalabro en términos de aceptación popular; el aberrante clientelismo político; la inflación galopante resultado de una política monetaria equivocada; la inercia de las autoridades ante el escenario económico, social y político; la corrupción administrativa y la represión ciudadana… y un largo etcétera. Su conclusión es clara: “Si el presidente Maduro no es capaz de convocar al país en toda su dimensión, si no es capaz de encontrar soluciones conjuntas con quienes le criticamos, y quienes le adversan más allá de posturas ideológicas, es evidente que sus capacidades de dominio y liderazgo político-ciudadano han sido evaporadas por la crisis que vivimos; (…) con todo respeto, creo ha llegado la hora en que comience a pensar en su renuncia”.

Hipótesis 1: ¿Por qué voy a renunciar si lo estoy haciendo bien?

Por escalofriante que sea, el politólogo y profesor universitario José Vicente Carrasquero, invita a considerar la posibilidad de que Maduro crea que, si bien no es perfecta, su gestión está bien encaminada. “A lo mejor ellos piensan que lo están haciendo bien, que el país se está manejando bien considerando que están enfrentando una guerra económica; pensará que sí se puede vivir con racionamiento eléctrico y de alimentos, y con 27.000 muertos al año… que esas son consecuencias de la lucha revolucionaria. Después de ver a Maduro en el nombramiento del nuevo gabinete, queda claro que él piensa que lo está haciendo bien, que lo que hacen falta son más controles. El nombramiento de Luis Salas, que en realidad es un exégeta de Alfredo Serrano, economista español que dice que el control de cambio funciona a la perfección, indica que vamos hacia la economía comunista”.

Que el gobierno esté satisfecho con su gestión escapa a la lógica de la mayoría de los venezolanos, pero a juicio de Carrasquero, el razonamiento de Maduro es distinto. “La racionalidad es un asunto que se estudia mucho en la política, y la racionalidad de Maduro es que él lo está haciendo bien, que él está derrotando la guerra económica. Estamos frente a unos fanáticos que afirman que hay necesidad de pasar a la ofensiva, a la vanguardia; que deben aplicar medidas revolucionarias como la confiscación de bienes y tener mano de acero contra la burguesía parasitaria”.

Sin embargo, el también politólogo, Nicmer Evans, discrepa de esta hipótesis. “Yo creo que el presidente Maduro sabe que lo está haciendo mal; estoy convencido de que una cosa es la actuación política, el show, y otra lo que él piensa en su cama. Estoy partiendo de la duda necesaria hacia el hombre que tiene la responsabilidad de gobernar un país; yo creo que él sí está consciente de que está cometiendo errores, tanto así que aun cuando no acepta discursivamente la derrota del 6D, convoca un nuevo gabinete como muestra de voluntad de subsanar los errores cometidos”.

Voluntad que, agrega Evans, se quedó a medias. “Reconozco el esfuerzo que hizo en la reorganización del gabinete, quizás no llena las expectativas que teníamos.Pienso que tenía que salir de todos los ministros sin enrocar a nadie. Que Marco Torres pase de Finanzas a Alimentación es un premio… el hombre que demostró la mayor incompetencia para el manejo de las Finanzas Públicas y la economía del país, ahora va a manejar nuestros alimentos… justamente el punto más delicado de la crisis. Ahí no está demostrando una voluntad de rectificación completa. El problema no es que él sepa que lo está haciendo mal, sino si tiene la capacidad de rectificación”.

Hipótesis 2: Y si renuncio, ¿qué pasa con el chavismo?

Tras 17 años en el poder, el proyecto revolucionario enfrenta su hora más menguada. El mismo artículo en el que Vivas Santana le pide al presidente considerar la renuncia, le hace la siguiente admonición: “(…) permita que emerja un nuevo liderazgo auténticamente revolucionario, antes que perdamos definitivamente el sueño de Chávez y la revolución bolivariana”.

“Yo creo que este es un elemento en contra de renunciar: no hay posibilidad alguna de que Maduro renuncie y el poder quede en manos del chavismo. Los 5 millones de votos del chavismo el 6D tienen un alto componente de gente obligada, del 1 x 10; lo cierto es que muchos votos nulos se explican por la racionalidad de que si el gobierno no me sirve, no voto por ellos. Por más disciplina partidista que haya, la crisis es innegable”, afirma Carrasquero.

La evaluación que hace Evans acerca del presente del chavismo también es lapidaria; su apuesta está en el futuro. “Son muchas las voces que han advertido desde hace tiempo de la posibilidad del derrumbe del gobierno,yo creo que el derrumbe del gobierno es un hecho, ahora lo que hay que salvar es el proceso revolucionario. El gobierno llegó a niveles de fracaso; el último ejercicio de rectificación, desde mi punto de vista, está depositado en este gabinete de ministros, el cual tendrá la responsabilidad de hacerle entender al presidente lo que no ha entendido durante todo su período presidencial: que tendrá que proponer rectificaciones de fondo”.

¿Estamos ante el fin del chavismo? “No hay movimiento social y político que esté eternamente en una condición de éxito; es lógico que como organización política, el chavismo -que va más allá del PSUV-, tenga un momento de crisis que deberá saber aprovechar. Yo creo que este es un momento extraordinario para reorganizar las fuerzas revolucionarias; que esta es una crisis absolutamente superable en el mediano plazo, no en el corto. Creo que, lamentablemente, la última etapa de la conducción del proceso llevará a que el PSUV pase a la oposición. No creo que eso sea lo más favorable para el país, pero sí que hay un reacomodo histórico necesario que va a desencadenar el resurgir del proceso revolucionario en otros términos, con nuevos actores que valoren el trabajo productivo y que tengan la capacidad de gozar de una visión profundamente democrática, a diferencia de esta última etapa de la conducción del proceso que se hunde en visiones muy totalitarias. Los ciclos históricos son inevitables. No podemos anclarnos en lo que pudo haber sido y no fue, sino pensar en lo que puede ser. Hay que ver hacia adelante, ver qué podemos hacer distinto en el futuro. Ese es el reto”, argumenta Evans.

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