Psicólogo.

Se ha demostrado que las personas inocentes enviadas a la cárcel mutan en criminales. La oscuridad los engulle volviéndolos un apéndice maligno de la humanidad.

Y cuando termina su condena, se tiende a creer que el tiempo entre rejas se tragó su arrepentimiento, cometiendo el error de insertarlos de nuevo en la sociedad, para que una vez más, vuelvan a violentar los derechos de otras personas.

Sin embargo, el psicólogo alemán Uwe Kazenmaier no se ha dado por vencido. Tras estar trabajando muchos años para cambiar los hábitos delictivos que pueden reflejar los convictos en el país, ha propuesto un método que pretende resultar efectivo para eliminar cualquier rastro de maldad que hayan concebido en la cárcel.

El psicólogo trabaja en las instalaciones de la institución social terapéutica de la cárcel del Tegel, es decir, es una extensión del ente penitenciario. Aunque, a diferencia de la cárcel, es un edificio que no posee ningún tipo de vigilancia.

Es decir, las personas recluidas, que tienen consulta, salen de la cárcel, atraviesan un patio pavimentado, y llegan al lugar. Allí tienen la absoluta libertad de poder caminar por los pasillos, y volver a sus celdas, que a diferencia del otro edificio, pueden permanecer abiertas.

Puesto que así lo ha decidido el psicólogo para explicarles de un modo muy sutil que confía en ellos.

La oficina de Uwe Kazenmaier, se encuentra en el ala izquierda del edificio, contigua a las cárceles de los prisioneros.

Uwe confiesa que una vez ingresa en el lugar, un miedo creciente se apodera de él. Sin embargo, actúa con aplomo y profesionalidad para tratar de lograr su objetivo, aunque agrega que si varios presos se confabulan para atentar contra su vida, sería el final.

A pesar de ello, también explica que los pensamientos negativos se esfuman luego de que empiezan la psicoterapia con los presos, pues se enfoca en el trabajo que tiene por delante.

Kazenmaier aclara que la terapia de la conducta se creó para que los ciudadanos alemanes respiren tranquilidad en las calles, es decir, sin que un loco degenerado quiera atacar cualquier persona solo porque le viene en gana.

El tratamiento, sin embargo, pasa por una serie de pasos que alargan las etapas de la práctica conductual. No es sino hasta después de tres años que se pueden observar cierta mejoría en los pacientes.

El primer año se dedica a estudiar la personalidad y el comportamiento de los convictos. En el segundo, trata de profundizar en cuál fue el origen del problema que ocasionó el haber sido considerado como amenaza para la sociedad y ser insertados en una cárcel.

Una vez que existe cierta empatía y se logran derribar las barreras; durante el tercer año, el psicólogo empieza su trabajo que consiste en plantear un modo diferente de vida al que antes tenían.

Y, al parecer, el método de ha funcionado puesto que tres de cada cinco presos resultan menos propensos a cometer delitos, respecto a otros presos que nunca recibieron ayuda.