No nos gusta tanto el fútbol ni tratamos a la gente de “usted”, y a ellos les choca que digamos “chamo”, pero Colombia y Venezuela se parecen más de lo que todos creen.

Los resultados del plebiscito hoy indican que el No gana por una mínima diferencia de 50.000 votos, pero aún es importante ver lo que pasó en el vecino país, pues el “Sí” tuvo también un respaldo enorme: la diferencia fue de menos de un punto porcentual.

¿Hay respuestas en la realidad de Venezuela para lo que está ocurriendo hoy en Colombia, con el plebiscito y el acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las Farc? Sí. Tanto se han parecido estas dos naciones a lo largo de los años –para enojo de ambas-, que es fácil hacer suposiciones sobre lo que ocurrirá a ambos lados del río.

Plebiscito por la paz en Colombia

El conflicto armado en Colombia inició a raíz de un acontecimiento pequeño en hechos, pero grande en significado: el asesinato de un solo hombre, el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948 (el narizón de mirada tierna del billete de 1.000 pesos colombianos), virtual favorito para la presidencia de Colombia en ese entonces. Su asesinato hizo que las multitudes inundaran las calles de Bogotá con un malestar increíble. La gente salía como loca por las calles a incendiar escaparates y a linchar al asesino. Si hubiesen tenido motos o si hubiesen sido venezolanos, acababan hasta con el nido de la perra. Ustedes se imaginan.

El punto es que el malestar fue grande, y más de un liberal decidió irse al campo a armar un guerra civil. Los conservadores, grandes en los pueblos, mataron a muchos. Pero algunos quedaron y se organizaron en una “fuerza armada revolucionaria”. Fue de ahí de donde surgieron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, años después, en 1964.

Mi abuela es colombiana. Ella fue víctima de esos primeros éxodos de campesinos que huían de los campos dejando que los gallinazos limpiaran los cadáveres que quedaban atrás. Ella eligió venir a Venezuela que en ese entonces, con todo y sus errores, estaba mejor. Un poco como hacen ahora los venezolanos.

En fin que el conflicto siguió por décadas. Los conservadores, de la derecha, nunca perdieron el poder. Siguieron mandando solos, sin ceder espacios a la izquierda ni escuchar realmente los pedidos de la gente pobre de los campos, que fueron las verdaderas víctimas del conflicto y que con cada descontento aumentaban las filas de la guerrilla. Las Farc por su parte, incapaces de lograr sus objetivos, olvidaron sus principios y siguieron en el campo haciendo dinero con secuestro, extorsión y tráfico de drogas. Es decir: todo lo contrario de los que se suponía eran sus principios.

El resultado tras 52 años de conflicto activo: 274.780 muertos directos, puestos por ambos bandos, claro está. Sin contar víctimas indirectas, entre desplazados y heridos que suman casi 8 millones de personas.

Mientras tanto, ¿qué ocurría en Venezuela?

En los años 50, mientras un ejército revolucionario nacía en Colombia, en Venezuela moría otro: el de los dictadores militares, que tuvieron a Pérez Jiménez como su último exponente. Luego vinieron los gobiernos de derecha de Acción Democrática y Copei, parecidos a los conservadores colombianos en su destreza para mantener el poder sin mirar a los lados. Y aquí también hubo guerrillas de izquierda, pero pocas y de menor impacto. ¿Ven cómo nos parecemos?

¿Qué ha pasado en ambos países? ¿La gente del campo se conformó con emigrar a las ciudades y hacer ranchos? ¿Los líderes de la izquierda se cansaron, se conformaron con el anonimato, dieron el brazo a torcer y se inscribieron en los partidos de derecha? Ehm… no.

La historia ha demostrado que resolver un conflicto político a través de las armas o de callar al adversario, no hace sino prolongar lo inevitable: que en algún momento reviente el problema, y con proporciones bíblicas: matanzas bíblicas como las de Colombia o hambre bíblica como la venezolana.

Si a mí me lo preguntan, yo digo que el plebiscito de este domingo en Colombia me recuerda –y mucho-, al indulto que le dio el extinto presidente nonagenario Rafael Caldera a Hugo Rafael Chávez Frías en 1994.

Cuando los gobiernos derechistas de Venezuela sintieron la mierda hasta el cuello, decidieron calmar a la gente pobre, a los más ignorados, haciendo justicia a un mártir ficticio que quería representarlos. Chávez fue un mártir ficticio, justo como lo son las Farc. Son mártires ficticios porque persiguen el poder absoluto que tienen sus adversarios, y enmascaran su ambición con los ideales de los menos favorecidos. El indulto absoluto que recibió Chávez en el 94, tras apenas dos años de cárcel, recuerda al tratado de paz que proponen hoy Juan Manuel Santos y las Farc: perdón, olvido y protección. Así cualquiera.

¿Significa esto que no queremos la paz? ¿Queremos que haya guerra y rencor? A ver… no se trata de eso.

Acuerdos de paz en Colombia

William Ospina, un escritor colombiano brillante, escribió hace poco esto para quienes –como Alvaro Uribe y la oposición venezolana-, se oponen al tratado de paz:

“Si hubo una guerra, todos delinquieron, todos cometieron crímenes, todos profanaron la condición humana, todos se envilecieron.” William Ospina.

Eso es verdad, y a la larga depende de los colombianos si deciden eventualmente dar un voto de confianza por el fin de la guerra y hacer su futuro.

Pero es curioso cómo para los políticos “pensar en futuro” significa pensar en las próximas elecciones, y eso es justamente lo que hace hoy Santos, y es justamente lo que hicieron Rafael Caldera y sus semejantes en el pasado. ¿Por qué no empezaron hace años, dando mayores participaciones en las alianzas políticas con los menos extremistas y promoviendo un país más plural, menos de un solo bando? Quieren el poder solo para ellos, y a la larga acaban entregándoselo a los menos adecuados, cuando se dan cuenta de que un sistema hermético es imposible.

Colombia hubiese optado por perdonar lo imperdonable, con tal de no seguir viviendo en el miedo. Le darían 10 escaños en el congreso, de forma automática, a quienes en el pasado les impedían desarrollar el campo. Eso ente otros beneficios como sueldo por el rango hasta por 24 meses, mientras se reintegran a la vida civil.

La opción del “No” ha ganado esta vez, claro está, pero el gobierno y las Farc pueden renegociar el acuerdo. Habrá qué esperar, pues nada está dicho.

La posibilidad, pues, está abierta luego de este acercamiento tan comentado. Las Farc podrán tener más participación política en Colombia próximamente, y seguramente su alcance crecerá. Después de todo, de eso se trata la democracia.

Muchos dirán: “no creo que en Colombia se deje gobernar por la izquierda extrema”, y eso recordará también a lo que pasó aquí en las elecciones del 98. Que nadie cree, nadie entiende y, sin embargo, pasa. Los países pueden pasar de la derecha extrema a la izquierda por puro cansancio, por buscar algo nuevo.

Solo esperamos que si llega a ocurrir, no veamos en Colombia algo como esto: