El Cap 2 nos transporta hasta la infancia de Chávez.

Sabaneta, Barinas. 1959.

Las primeras escenas del Cap 2 se van construyendo para que el espectador se haga una idea de Chávez cuando niño. Y para eso, se remontan hasta la década de finales de los 50. En parajes de la vasta llanura se empiezan a tejer los recuerdos que Hugo evocó mientras permanecía en prisión luego del golpe de Estado fallido.

Debido a la profunda pobreza en la que vivían sumergidos sus padres, y sabiendo que se esperaban más miembros que agrandarían su familia; sus progenitores envían a Chávez al cuidado de su abuela.

Allí, en esa casa de bahareque y aún más austera que su propia morada, Chávez empieza a criarse según las creencias de “Mamá Laida”.

“Mamá” Laida era una señora con tendencias un tanto izquierdistas. Pertenecía al árbol genealógico de Maisanta. Famoso guerrillero que combatió contra el poderoso ejército de Juan Vicente Gómez durante la dictadura. Así que la carga ideológica que recibió El Comandante empezó a gestarse en ese momento.

En unas de las anécdotas que muestra el capítulo se devela una de las causas que llevaron a Chávez a pasar de ser un inocente niño que soñaba con ser el Látigo Chávez -un famoso beisbolista- a convertirse en un vulgar dictador.

El embrión del resentimiento (Cap 2)

Se acercaba el período de clases. Chávez, como cualquier otro niño, acude a la escuela. Justo cuando va a pasar la verja de entrada, un profesor prohíbe su acceso alegando que no podía entrar porque tenía los zapatos en mal estado. Rotos, sucios, y despegados parcialmente.

El pequeño, preso de ira e impotencia, al observar que los otros niños entran sin ningún problema a clases se retira a casa y, cuando llega, comunica la causa de su retorno a “Mamá” Laida.

Como una furia enfurecida enfila hasta la escuela, y al llegar arma un gran escándalo diciendo que Hugo necesita educación como cualquiera. “Ser pobre no es un delito”, dice. El rostro de Hugo, su mirada que resuma odio, hace entender que ha aprendido a sentir una emoción que lo acompañará toda su vida. El resentimiento.