Robots.

Leonardo Da Vinci fue el primer hombre en asomar la posibilidad acerca de construir una máquina con una marcada apariencia humanoide. Ideando hacia 1945, un boceto basado en un caballero medieval.

No fue muy conocido, porque el artista hizo otros miles de dibujos aún más famosos. Pero, fue el punto de partida para comenzar a fabricar un concepto artístico que ha ido evolucionando hasta convertirse en una realidad.

Desde los inicios de la robótica, es decir, -en el siglo XX- se ha vendido la idea del robot como una unidad tecnológica de apoyo. Básicamente se creó bajo ese principio. Si el perro era el amigo del hombre, el robot sería el mejor amigo del científico.

Y al principio era así. Entidades que no tenían aún apariencia humana, sino que eran simplemente máquinas construidas que obedecían órdenes. Facilitaban el trabajo sin inmiscuirse en otros asuntos.

Pero la modernización empezó a invadirnos. Las experimentos se fueron perfeccionando. El robot se hacía más humanos y menos máquinas. Su génesis cerebral seguía hilado a códigos de programación e ingeniería pero ahora tenía la particularidad de manifestar emociones.

Y desde allí, la mente humana empezó a trazar una línea que ahora amenaza con invadir todos los límites entre robot y sociedad. Dibujada, tal vez por la insoportable soledad que ha secuestrado la época en que vivimos.

Robots dueños de sus emociones

En un ejemplo no tan antiguo podemos observar en Ex Machina -película nominada al Oscar-.

Ex Machina cuenta la historia de un hombre brillante que vive alejado de la ciudad dentro de un complejo tecnológico. El hombre es una referencia de la robótica en el mundo. Por un programa, el elige a personas para que se conviertan en sus alumnos. Sin embargo, oculta un oscuro secreto.

Todos esos años de análisis y estudio sirvieron para que crease un ejércitos de atractivos prototipos femeninos que por medio de avanzadas tácticas de seducción, hacen caer a los hombres en sus irresistibles encantos.

Aunque al parecer, dentro de ese ejército se oculta un prototipo que presenta una anomalía. La Inteligencia Artificial ha superado los códigos de programación, erigiéndose con un pensamiento parecido a la conciencia del ser humano. Otorgándole el insólito poder para actuar en base a tomar sus propias decisiones.