Sí, yo sé como “Suena Caracas”, suena a los disparos del delincuente, a los gritos del ciudadano secuestrado o a punto de ser asesinado, suena a quejas por las interminables colas, suena a escasez suena a injusticia; así suena caracas.

Pero también escucho confusión, y más al enterarme que volvería el Festival Latinoamericano de Música “Suena Caracas”.

Tras una continua crisis económica y escasez de divisas para importar alimentos y medicinas, el gobierno venezolano vuelve a lanzar una maratónica fiesta musical. Nueve días con agrupaciones nacionales y artistas internacionales de géneros muy, muy variados, en los espacios del centro de Caracas.

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Parte de esta confusión se debe a la presencia de este monstruo de festival, y el de pensar, cuales son las verdaderas prioridades del país en estos momentos. ¿Hace falta montar semejante escenario cuando tenemos una situación económica tan complicada?, ¿es prioridad traernos a artistas internacionales cuando lo que parece ser más necesario es abastecer los hospitales del país?

“Esto es como al que no le alcanza para comer, pero al llegar a una fiesta es el que invita todos los tragos, solo para quedar cool frente a sus amigos y no perder su popularidad”.

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El año pasado el Legislativo venezolano aprobó 168 millones de bolívares (26,6 millones dólares al cambio oficial y poco más de un millón al paralelo, para ese momento) para la realización del evento, organizado por la alcaldía del municipio Libertador (centro de Caracas), feudo del chavismo. Hoy en día podemos estar seguros que será el doble de la cifra aprobada en el 2014.

En esta oportunidad, los artistas que figuran como protagonistas de este evento (según una lista que se ha filtrado en Twitter, porque en la página oficial no sale nada) son Luis Fonsi, Prince Royce, Gilberto Santa Rosa, Vicentico, Jorge Drexler y Mala Rodríguez. ¿Mala Rodríguez?, ¿de verdad?, ¿y por qué mejor no hacemos un cambio y con lo dólares que piensan gastar en traer a Mala Rodríguez no me traen pañales y medicinas? O mejor aún ¿Por qué no gastan ese dinero en solucionar el problema de agua y luz que tiene la ciudad? No, por supuesto que no. “Me muero de hambre, pero brindarles los tragos a todos me hace quedar mejor frente a mis amigos”.

Esta es verdaderamente, una “ostentosa parranda” que ocurre mientras escasean medicinas para tratamiento para pacientes oncológicos o niños con cáncer y enfermedades renales, donde se tienen que allanar y decomisar alimentos en los comercios del oeste de la ciudad para distribuirlos en Mercal o PDVAL porque dinero para comida ¡No Hay!… Pero tranquilos, si hay patria, habrá fiesta para todo el mundo. Y lo preocupante de todo, es que el único objetivo de esto es distraer a la población de los males que lo aquejan, alejarlos de la realidad y pintarles un mundo de “arcoíris” antes de las parlamentarias. “El circo continúa y el plan es obtener la mayor cantidad de votos posibles”.

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Pero está bien, dejemos que vuelvan a meter la pata y despilfarren ese dinero, no es la primera vez que lo hacen y los dejamos hacerlo. Vayamos a ese Glastonbury venezolano y aprovechemos, porque al fin y al cabo son nuestros reales. Pero eso sí, vayamos claros que el año pasado desperdiciaron 26 millones de dólares según cifras oficiales en estos conciertos; que los cantantes cobran entre $100.000 y $200.000 por presentación; y que en el país hace mucho que escasean las pastillas anticonceptivas, preservativos, antibióticos para las ITS, leche en polvo, aceite vegetal, granos, cauchos, baterías, repuestos, champú, jabón, toallas sanitarias, papel toilette, y ninguno de esos productos se compran en Bolívares precisamente.

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