¿Cuántas veces te has reído de alguien que le tiene miedo a los gatos negros o fobia a los martes 13?

Hora de sincerarse, las supersticiones son universales y la humanidad ha tomado parte en ellas a lo largo de la historia.

 

 

La superstición es prima del mito.  Por eso no importa tu coeficiente intelectual, nivel educativo o estabilidad emocional; la superstición siempre está allí para resolver eso que no entiendes.

Después de tantos años de evolución y de posicionarnos en el tope de la cadena alimenticia, parece contradictorio que la raza humana sea tan inteligente pero aún caiga en las redes de la superstición.  La verdad es que no es tan complicado, de hecho, tiene mucho que ver con cómo funciona nuestro cerebro.

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Siempre pasa. En estos días estaba almorzando con unas amigas y la conversación tomó un giro que me dejó pensando.

 

Carola: Yo creo que sí andan juntos.

Isabel: ¡Nah! No creeeo.

Carola: ¡Que sí chica! Estoy segurísima.

Justamente en ese momento, Isabel muerde su hamburguesa y  absolutamente todo el relleno termina desparramado en el plato.

Carola: ¿Viste? ¡Palabra cierta!

 

 

Carola e Isabel no son dos muchachitas tontas. Isabel es médico y está haciendo el internado de su primer postgrado; Carola trabaja en una agencia de publicidad y se graduó con honores de la universidad. Sin embargo, ahí estaban; buscando certezas en trozos de lechuga, tomate y tocineta embarrados en mostaza.

 

En 2013, el psicólogo Daniel Kahneman publicó un libro llamado Pensando rápido y lento. En él explica que básicamente, pensamos en dos canales. El primero representa todas nuestras reacciones instintivas, juzga sin pensarlo mucho y piensa en estereotipos. En el segundo canal encontramos la parte más racional de nuestro cerebro, esa que maneja hechos objetivos.

Tristemente, de acuerdo a un estudio llevado a cabo por la Universidad de Chicago, la mayoría de las veces decidimos ignorar a nuestro segundo canal. No importa qué tan obvio o ilógico sea el contexto.  Las razones detrás de este fenómeno son más simples de lo que creemos.

¿Cuál es el costo de ser supersticioso? Muy bajo.
A todos nos gusta creer que todo pasa por algo y al final del día, las supersticiones nos consuelan.  Nos hacen creer que tenemos un poquito de control en este mundo de locos y que podemos manipular la forma en que suceden los eventos en nuestra vida.

Así que si en el próximo partido que veas con tus amigos, descubres que alguno lleva la misma camisa de la última vez que fueron al estadio, no lo juzgues.

Las supersticiones son solo parte de lo que nos hace humanos.