Trump y Kim Jong un podrían hacer estallar la III Guerra Mundial. Es cuestión de tiempo. El panorama para la humanidad se torna poco esperanzador.  Los niños más dañados del colegio, se han topado con un arsenal nuclear de grandes proporciones y no titubearán ni un segundo. Ambos desean acabar con el otro.

Ninguno tendría una excusa.

Kim Jong un ha realizado una, dos, tres, cuatro, cinco, y hasta seis veces el lanzamiento de misiles balísticos, en dirección a las costas japonesas. Se divierte provocando a la comunidad internacional.

Por su parte, Trump se ha alejado de su discurso político.

En su momento, Donald prometió que se enfocaría en fortalecer Estados Unidos. Pero que lo haría desde adentro. Incrementaría la tasa de empleo e inyectaría fondos a los principales programas de desarrollo de la nación. Sin embargo, apenas se montó en la silla presidencial, todo cambió.

Primero, dio la orden de bombardear Siria. Un ataque que resultó tener terribles repercusiones por parte de la opinión pública. Pasado unos días, lanzó una bomba sobre Afganistán.

Aunque quizá la demostración más nítida de su actitud hostil y nada diplomática ha sido enviar un portaviones con armamento bélico hacia las costas de Corea del Norte.

Además, miembros políticos de ambas naciones mantienen una guerra verbal.

Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, comenta que Corea del Norte ha sido advertida muchas veces acerca del mismo asunto. Están hartos de que jueguen con material nuclear.

En la otra esquina del ring contesta el embajador adjunto de la ONU,  Kim In-ryong, asumiendo una postura desafiante. “Corea seguirá haciendo pruebas diariamente, mensualmente, anualmente”.

No quiero ser ave de mal agüero. En ese trabajo,  se desempeña mejor Nostradamus.

Pero debo advertir que las cosas no pintan nada bien. Y que más temprano que tarde, Trump y Kim Jong un no podrán controlar la ansiedad y quizá, algunos de los dos, termine hundiendo su dedo gordo en ese famoso botón rojo.