En ‘Una yuppie sin corbata’ Cindy te muestra el camino para ser un emprendedor exitoso en Venezuela

Por Cindy López / @cindylulopez

Si tuviese la oportunidad de ser dictador en alguna de mis próximas vidas –asumiendo que exista la reencarnación- establecería una serie de mandamientos castrantes en pro del desarrollo y el disgusto colectivo – por eso de mantener la fama de mis antecesores-, pero quizás lo más útil sería decretar lo siguiente:

Todo aquel que desee tener un trabajo digno, bien pagado y donde se le reconozca como un profesional íntegro, debe comenzar por respetarse a sí mismo. El ejercicio empezará por las casas de estudio, donde se le educará para optimizar y crecer, no para denigrar su futura profesión.

¿Qué dicen? ¿Tengo madera de dictador? –ya veremos-. Recuerdo que para graduarme de la universidad necesitaba entregar un informe de pasantías, mi mención era corporativa, así que había cierto énfasis en que las hiciera en una empresa con procesos, jerarquías y cultura empresarial. Entré en el lobby, que resultó ser toda la oficina, y me recibió alguien que conocía de toda la vida.

¡Cindyyy! No sabía que eras tú a quien iba a entrevistar para las pasantías. Déjame ver tu currículo y empezamos. Espera, pero tú eres de la Santa María. Ummm… no sé. Bueno, comencemos.

La entrevista se convirtió en una charla de amigos buscando soluciones a carencias empresariales y una larga lista de anécdotas laborales. Al terminar me confesó que al principio no estaba seguro, pero ahora sabía que debía contratarme. Sin embargo, mi inquietud no tenía nada que ver con el puesto en la empresa, sino con su reacción al leer donde estudiaba.

Una pregunta ¿por qué dudaste de mis aptitudes? Me conoces desde hace muchos años, me has visto trabajar y crecer en esta industria.

Bueno, Cindy, como sabes se habla muy mal de esa universidad. A veces se nos pegan las malas costumbres, pero ya pasó.

Ahora, hablemos de la traducción coloquial. Cada vez que decimos que nuestra universidad, nuestro trabajo o nuestro país es una #$%&, literalmente estamos escupiendo hacia arriba y, como todos sabemos, la gravedad es siempre puntual. Así como la opinión forja el estatus positivo de algunos, también le resta calidad moral al esfuerzo profesional, académico y ciudadano de otros.

El emprendedor y el freelancer viven de su entorno, por lo tanto, deben convertirse en los principales defensores de sus recursos. Si bien es cierto que existen amenazas en el mercado, también debe existir una disposición absoluta por disminuir las adversidades de nuestro país -y sobre todo de nuestra gente- a través de las fortalezas, las cuales se desarrollaron en el mismo escenario que las debilidades.

<<Entonces ¿cómo libero mi frustración contra la universidad? ¿cómo puedo sentirme mejor si los “#$% me estafan, no me dan una educación óptima y, encima, nunca hay agua en los baños?>> Tienes dos opciones, te retiras de la universidad y te vas a otra que haga lo mismo, solo que de forma más política, o utilizas tu poder de raciocinio para generar soluciones y propuestas <<Es que mi trabajo no es buscar soluciones a eso>>tampoco lo es limpiar calles, pero esa no es razón para ensuciarlas ¿o sí?

Gracias a la incapacidad de buscar soluciones –o de pertenecer a algo- recurrimos a la crítica maliciosa, la próxima enemiga de nuestras buenas acciones y la causante de muchas frustraciones al llegar a los treinta.

“No hables irrespetuosamente de la sociedad, Archie, eso solo lo hace la gente que no tiene acceso a ella” Lady Bracknell. De la obra “The importance of being Earnest” de Oscar Wilde.

El valor del profesional es directamente proporcional a su esfuerzo y a su eficacia, pero siempre será víctima de su verbo, por lo tanto, el ejercicio no se concentra únicamente en ser mejores profesionales, si no en ser mejores narradores de nuestras aventuras.

La verdad es que la relación con nuestra profesión debería asemejarse a la que tenemos con nuestra familia, sabemos que no es un mercado perfecto, a veces lo odiamos y queremos asesinarlo, pero lo amamos profundamente. Y, lo más importante, nunca se habla mal de la familia –a menos que sea entre familiares, ¡Já!-

 

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Cindy López: Una yuppie sin corbata
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