Apostar por los talentos jóvenes, trabajar la cantera y el balompié base, asimismo, la exportación de jugadores a equipos internacionales, han hecho que la Selección Venezolana de Fútbol vaya adquiriendo un nivel que nunca antes había demostrado.

“Pero con César Farías teníamos identidad de juego, éramos grandes a balón parado”, sí, pero no.

Que tu plantilla se caracterice por dominar una sola faceta en el juego no te hace dueño de un estilo. El colectivo se trabaja en todas las ramas, y la verdadera evolución del equipo criollo se ha visto en este último año.

Rafael Dudamel ha sido el pilar de este amanecer.

El técnico asumió la batuta de la selección absoluta tras la debacle de Noel Sanvicente a mediados de 2016, éste ya tenía a su cargo el combinado nacional Sub-20, pero tomó la responsabilidad de asumir el cargo en medio de todas las dudas.

Los resultados no se dieron en un principio, pero el trabajo duro del entrenador comenzó a dar frutos en ese conjunto menor.

Tras clasificarse a la Copa Mundial Sub-20 2017 disputada en Corea del Sur en el mes de abril, los rostros de los jugadores reflejaban que podían lograrse cosas grandes, y así fue.

La victoria en el encuentro inaugural frente a Alemania fue el punto de partida para desatar todo el talento de los chicos, y a lo largo de dicho torneo quedó más que evidenciado: Conseguimos el subcampeonato del mundo.

Algo que nunca antes habíamos logrado, y que con solo recordarlo se me pone la “piel de gallina”.

Se dice y no se cree, pero esa victoria fue el comienzo de algo bonito que con el pasar de los meses ha incrementado las cosechas.

La mezcla de juventud con experiencia empezó a dominar las convocatorias de la selección. Lo fresco con lo maduro fue una excelente combinación para sacar dos grandes resultados en eliminatorias mundialistas frente a poderosos equipos como Colombia y Argentina (como visitantes).

Cabe destacar que frente a la Albiceleste contamos con un ángel bajo los tres palos: Wuilker Faríñez.

Pero el encuentro en el que se apreció el cambio, fue el reciente empate sin goles versus Uruguay.

Una oncena con propósito.

Los pupilos de Dudamel querían dominar la posesión de la esférica desde el primer minuto, con paredes, gambetas y asociaciones, la Vinotinto demostró que podía codearse con grandes escuadras que han marcado la historia del deporte rey.

No es coincidencia, a pesar de estar eliminados, éste es el camino para desarrollar un equipo capaz de competir, calificar y soñar con esa meta que nos ha sido esquiva desde siempre: La Copa del Mundo.