¿Qué pensarías si te digo que ahora mismo hay personas cogiendo, LITERALMENTE, con la tierra? Pues en Sidney, Australia, esto se se está volviendo una práctica bastante popular.

Ian Sinclair y Loren Kronemyer son dos australianos que manejan una instalación interactiva, artística y ecológica, donde los turistas pueden hacer una parada para follar con elementos naturales a través de todos sus sentidos: abraza a un árbol, restriégate un poco de grama en la cara, huele una flor hasta llegar al orgasmo, mastúrbate bajo una cascada. El placer y la conciencia son gratis y productivos.

Chica ecosexual

Lo cierto es que no se trata de una práctica novedosa: se le conoce como ecosexualidad, surgió aproximadamente en 2009 y su objetivo es crear un acercamiento emocional e intelectual con el medio ambiente, con fines ecológicos.

Imagina que tienes una pareja sexual y emocional: a menos de que seas una porquería de ser, no vas a llegar un día a arrojarle basura en su cara o maltratarla de alguna otra forma. Pues eso es lo que pretende este movimiento: crear un compromiso de protección recíproca, ‘humanizando’ más al planeta, o ‘terricolarizándonos’ nosotros -si es que esa palabra existe-.

Claro que el tema es un poco espinoso. Supongamos que quiero follar con un girasol. Si me aproximo como un baboso y no responde, y aún así me desato sobre ella: ¿es eso una forma de abuso?; ¿qué dirá Gaia en ese caso sobre mí? (jaque mate, ecologistas).

Ecosexual

Hablando en serio, no sé qué opinas tú, pero yo creo que todos deberíamos intentarlo de alguna manera, para abrir la mente y aproximarnos de un modo más sensible a lo que nos rodea. Después de todo, si no salvamos al planeta al menos habremos aumentado nuestro número de posibles parejas sexuales de una manera increíble. De cualquier modo, algo habremos ganado.